Una de las cosas en las que he tenido que cambiar mi mente de la manera más brutal al llegar aquí, es en compartir casa. Nosotros veníamos absolutamente negados a hacerlo. Cuando buscas casa en los portales web, hay una casilla que pone "not to share" (no para compartir) y nosotros la marcábamos siempre. No hombre, no. Cómo vamos a compartir nosotros nada. Si lo primero que aprendes a decir de pequeño es "mío".
Así buscamos y buscamos, sin éxito, porque las casas que no eran para compartir eran ridículamente pequeñas cual zulos, o super cutres plus plus, o carísimas, o todo a la vez. Y encima te las enseñan con la gente viviendo dentro. Igual te encuentras unas zapatillas de estar en casa, que los cacharros sin fregar, o como le pasó a una amiga, que había un tío durmiendo en el salón y le dicen "no, este no vive aquí, solo viene a dormir durante el día." Cultura del máximo aprovechamiento de espacio. Así que nos veíamos pagando 1000 libras al mes por un zulo con un sillón cama, con un toilet cubicle (sugerente nombre).
Y de pronto un conocido nos dijo: "una amiga mía os alquila una habitación." Mentalmente teníamos pulsado el botón "not to share" así que se lo dijimos. Pero insistió. Venís, lo veis, y decidís. Y decidimos quedarnos. Y ahora entendemos por qué la gente aunque lleve aquí doce años, y tenga un buen puesto de trabajo, o incluso una pareja con dos sueldos, siguen compartiendo casa.
Aquí muchas casas son gigantes. Vestigios de otro momento histórico, así que las habitaciones no son solo para poner la cama, sino que te cabe un silloncito, un escritorio, algo que te hace tener dos ambientes en tu cuarto. Tu habitación es un estudio flat, pero sin toilet cubicle. Puedes hacer tu vida allí, incluso comer. Sólo tienes que compartir el baño y la cocina. Y como los horarios normalmente son distintos, no hay problema ninguno. Si estás cocinando y viene alguien, saludas, y hablas un poco, que estando solo como estás aquí, yo hasta lo agradezco.
Y además da lugar a situaciones curiosas que te hacen pensar, y reírte un rato. Una amiga de nuestra compañera de casa (flatmate, para vuestra cultura general) se quedó unos días en nuestro salón. Y la primera noticia que tuve de ello fue que al levantarme e ir al baño, veo colgadas en el toallero unas bragas. No cabían en el culo de mi flatmate, y yo pensé "¿y esto?". Me consolaba que parecían limpias. Ese toallero estaba formado por tres barras metálicas a diferentes alturas. Bueno, pues a seguir. Luego en el salón me encuentro una chica de Mongolia (en cuyo culo sí cabían las braguitas) y pienso: "Jodo, niña. Como se las gastan en Mongolia." La chavala había estado viviendo cuatro años en Londres, así que pensé que ya le había dado tiempo a aprender ciertas normas básicas de convivencia. Al día siguiente otras braguitas. Y al día siguiente. El cuarto día ya no había.
Me lo quedé como una anécdota de como somos en las distintas partes del mundo. Estos orientales...
Parte dos. Nos cambiamos de casa. En esta se supone que íbamos a estar dos meses solos (aunque hemos encontrado una mejor antes de deshacer la maleta y nos vamos). Pero nos advirtieron que cuando llegáramos habría durante unos días en la otra habitación una estudiante belga que ya ha terminado y vuelve a su país. Llegamos a la casa y la primera señal de que estaba habitada eran ¡¡unas bragas en el toallero!! No daba crédito ¡¡¡En Bélgica!!! ¡¡¡que tienen el euro!!! y colgando bragas en el toallero. Es uno de esos shocks mentales que no puedes asumir de repente.
Esta tardó solo unas horas en quitar las bragas del toallero, lo cual agradecí. Pero la mayor sorpresa estaba por llegar, cuando al día siguiente voy a secarme las manos y observo, atónita, que la toalla ¡está caliente! Y toco el toallero, y ¡es el radiador del baño!
Y comprendí que la mongola (de Mongolia) al ver las barras metálicas creyó que era radiador, y al comprobar que aquello no se secaba las quitó, y que ésta, si ya se va, y no le da tiempo a que se le seque la colada, lava sus braguitas y las tiende en el toallero radiador.
A ver, no es que lo defienda, me sigue dando respeto ver las toallas mezcladas con ropa, pero me di cuenta de que el factor que se me estaba escapando era que AQUÍ, no en Mongolia ni en Bélgica, las cosas son así. Y soy yo la paleta que no entiende. No ellas las guarras supremas.
Estas son las cosas que aprendes cuando desmarcas el botón "not to share" de tu mente.
Y además de las casas, comparten otras cosas. Por ejemplo, en una peluquería, si hay cuatro sillones con espejo, cada uno está alquilado por un peluquero. En la última peluquería que estuve, además observé que algunos sillones estaban alquilados por la mañana y por la tarde a diferentes personas. Optimizando. Si eres peluquero, no tienes tu mega salón de belleza, pero puedes vivir porque alquilar una silla evidentemente no cuesta lo mismo que alquilar una peluquería.
Más cosas raras que hacen. Los bills incluidos. Cuando alquilas, una modalidad es que dentro del alquiler van todos los recibos. Luz, agua, gas, internet. No tienes que pagar nada más que el alquiler. No sé si ganas o pierdes, pero da una tranquilidad increíble. Sin sorpresas.
La luz de prepago. Tienen una especie de pincho USB, con el que van a una tienda donde venden un poco de todo (como en el estanco, que te venden sellos, y bolis, y te timbran cosas para el estado) y allí lo recargan. Póngame cinco libras. Luego llegas a tu cajetín de la luz, lo metes, y ves como el número cambia. Pin. Ya tienes cinco libras.
Me parece una manera increíble de evitar morosidad, y además no tienes que pagar un mínimo por el mantenimiento de la luz si la casa está deshabitada. En mi casa de Barajas seguimos pagando luz, y está vacía. Aquí si no recargas, no tienes luz. Y si no tienes veinte pavos, pues cinco. Y para que os de un patatús, os diré que esta semana que hemos tenido que recargar nosotros nos hemos gastado seis libras en luz, con todo el arsenal de ordenadores, móviles y electronic devices que nos gastamos. Seis libras. Al mes unas 25. Más o menos lo que se paga en Barajas por una casa vacía. En fin.
Las transferencias online. Haces la transferencia. Te sale en la pantalla un código en grande. De pronto un robot te llama por teléfono. "Se está intentando hacer una transferencia desde su cuenta terminada en XXXX. ¿Está usted de acuerdo? Pulse o diga uno." Lo haces, te pide el código de la pantalla, e inmediatamente en el ordenador pone: "se ha realizado con éxito". Flipas.
Compras en EBAY. No te cobran gastos de envío. No sé como lo harán, pero no te cobran. Puedes comprar una cosa de una libra, y te cuesta una libra, y te llega en dos días.
Y mi último descubrimiento. La compra por aplicación. Vale, eso lo hay en España. Pero no es igual. Hay unos supermercados aquí que se llaman ASDA y son los mejores, tanto de precio como de calidad. Pero hay muy pocos. Y por el centro, ninguno. Pero me harto de ver camiones de reparto del ASDA, aunque nunca he visto uno físicamente. Así que ahora que nos cambiamos de barrio, y como es residencial, me descargo la aplicación. Increíble. ¡Tienes ofertas, como en el super! Este está dos por uno, este dos por cinco libras. Y tienen una tarifa de entrega de 8 libras al mes, y te lo entregan cuatro veces. Vamos, yo si puedo, por dos pavos por entrega, no vuelvo a pisar un supermercado. Con la rabia que me dan.
En algunas cosas nos llevan ventaja, queridos, es así. Y para más inri hoy hace sol. Así que me voy a dar una vuelta. A ver qué misterios me depara hoy esta ciudad.