domingo, 27 de octubre de 2013

Autumn, fall


Qué mal se venden los ingleses. 

París, la ciudad de la luz. 
Londres, siempre hay niebla y llueve. 


    Londres: 

Totals and averages

Annual average high temperature:13.9 °C
Annual average low temperature:5.2 °C
Average temperature:9.6 °C
Average annual precipitation:754 mm
Days per year with precipitation:164 d.
Average annual hours of sunshine:1573 h.


París:

Total y promedio


Temperatura máxima media:15.5 °C
Temperatura mínima media:7.5 °C
Temperatura media:11.5 °C
Precipitaciones anuales:585 mm
Días con precipit. por año:164 d.
Días de sol al año:1779 h.


Oh, la lá, mon die y mon amí!!!!  Sabía que iba a estar cerca, pero no me imaginaba que iba a dar en toda la dianaaaaaa... Efectivamente, queridos, en Paris llueve tanto como en Londres, pero se lo callan. Y la ciudad de la luz se llama porque fue la primera en poner luz artificial, no por la que viene precisamente del cielo. 

Y ahora es cuando pensaréis, "claro, ahora te vas a Londres y tiras por tierra París". Que no, si a mí París me encanta, llevadme cuando queráis, lo que quiero es echar abajo el mito de que aquí llueve 365 días al año, porque no es verdad. Por cierto, los datos los he sacado de esta página: www.climatedata.eu, por si todavía estáis pensándolo. 

No es mala uva, es por ser un poco justa con este clima. Que ya lo sé, que me queda lo peor, pero es que estamos a finales de Octubre. Ni en mis mejores previsiones. Y hasta ahora esta ciudad se ha dejado ver bien guapa. Y por eso quiero hacer mi homenaje al otoño en Londres. Que del invierno ya hablaremos. 

El autumn o fall, que hasta tiene dos nombres, siempre me hace relajarme. Pasó la vorágine del verano, el fresco vuelve a la piel. Los árboles, aquí milenarios, te miran desde los parques y te guiñan una hoja. 

Los niños corren tras las palomas, en sus ratos libres, porque ya se han acostumbrado a que hay cole. Gritan en el recreo, se quitan el jersey, corren y luego se lo ponen. El camión de los helados con su tétrica musiquilla vintage ya no se pasea por el barrio, y el viento te despeina siempre. 

Apetece leche caliente, y un poco de mantita cuando llega la tarde-noche, y más la casa que la calle. Está gris, y feo a veces, pero a veces sale un sol, que es más luz que calor, y te pone a gozar. 

Paramos en un pub, the Railway, un sitio limpio y acogedor donde siempre hay un ramillete de flores frescas, diferentes cada día. Y unas ventanas de madera,  por las que de vez en cuando entra ese rayete de Lorenzo que te mantiene viva... y entonces echo la cabeza para atrás y recargo las pilas, y los camareros piensan: "pobre española". O quizá les apetezca sentarse conmigo, pero se aguantan detrás de la barra, por eso de la flema británica. Y por si mi marido les parte la cara. Igual.

Pero el otro día, en la mesa de al lado, estaba uno de ellos escribiendo en su ordenador en su día libre, y os juro que le vi dejarse llevar cuando apareció el rayito. Claro que sí. Creando escuela. Embajadora del sol, que para eso sale en nuestra bandera. Que no es el oro, materialistas de mierda. El sol, es el sol. Que aquí no hay mucho. Pero en París tampooooocooooooo ;-))))

Sólo os quiero decir que el otoño, como Londres, se vende muy mal, pero si lo miráis con cariño os puede regalar momentos increíbles, donde puedes dejar de mirar a los demás por un momento y mirarte a ti mismo. Que a veces viene bien. Y donde en cualquier esquina, puede estar esperándote la magia. 




















miércoles, 23 de octubre de 2013

¿Dónde está Wally?

Me he comprado un libro que se titula "1001 cosas que hacer en Londres por menos de 10 pounds". El libro me costó 12. No estaba en la lista ;-))

Me encanta porque tiene montones (1001, concretamente) de cosas que hacer en esta enorme ciudad sin jugártela. Es que aquí la variación de precios es brutal. Por hacerte una copia de una llave me han cobrado 3 libras, y en otro sitio 12. Mordí la llave para ver si era de oro. No, queridos. Normal y corriente.

Así que poco a poco uno aprende que no conviene meterse en cualquier sitio, así porque te dé buen rollo, porque cuando llegue la cuenta puede acabarse el buen rollo para toda la semana. Este libro para pobretones es muy interesante para sacarle jugo sin palmar.

Cosas como pasear por zonas donde todavía quedan farolas de luz de gas (1600, ni más ni menos), comer los mejores kebabs de la ciudad, o ver la ceremonia del té en el museo británico, con teteras milenarias. Sólo hay que saber qué día y a qué hora.

O coger un bus. Sí, hacerte una línea entera, de parte a parte, si tienes suerte y pillas asiento arriba, en la cristalera, os aseguro que es una experiencia mágica. Así lo hice yo la otra mañana, en uno de esos ratos de sol con los que te premia Londres cada día. Aquí no hace buen día, hace buen rato.

Aprovechando, me cogí el 73, que sale de Victoria, pasa por Hyde Park, Oxford Circus y llega hasta Candem. Desde mi privilegiada atalaya pude ver a Papá Noel vestido de paisano, un gigante cuya cabeza estaba enterrada en el suelo, pataleando por salir, un guerrero victorioso, una reunión multitudinaria en el parque a propósito de algo, un samurai sobre una bestia legendaria, y sobre todo gente, mucha gente.

Gente de esa que me fascina,  que me cruzo cada día de frente, y que vista desde arriba parece un dibujo de "¿Dónde está Wally?". Y en uno de esos arranques de realidad virtual a los que nos están acostumbrando los avances de la tecnología, dan ganas de que te pongan una lista y tengas que buscar

1- una mujer con burka y zapatillas rosas
2- una gordigótica
3- dos chicas vestidas exactamente iguales
4- un borrachín con sonrisa permanente
5- uno que se parece a mi primo Rafa
6- unos negritos bailando una tontería que atraen a muchedumbres
7- un dinosaurio que se ha desmayado por un golpe de calor

Y así en cada esquina. Porque una línea entera de bus en London, da para un libro entero de Wallys.

















sábado, 12 de octubre de 2013

Mind the gap



Cuando llegas a Londres, como una pequeña hormiga entre montones de hormigas, una de las primeras cosas que te chocan es "mind the gap". Lo oyes, lo lees, lo vocean los controladores de estación, lo anuncian delicadamente las voces grabadas que anuncian la siguiente parada.. ¿qué es "mind the gap"?

Como definió un amigo, mind the gap es "cuidao, hueco". El hueco que realmente queda entre el vagón y en andén. Eso que en Madrid es "tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén", aquí te lo dicen en tres palabras. Si lo pillas bien, si no, cojito. Ergo sum.

Y así he querido llamar a mi blog, ahora que llevo aquí dos meses y medio, porque es un sentimiento que ha sido recurrente en toda esta experiencia. Mind the gap. Cuidao, hueco. El hueco que te dejan todos los conocimientos que ya tienes, y que aquí no te sirven para mucho; el hueco que te queda en la cabeza cuando piensas en los diferentes puntos de la ciudad, y eres incapaz de saber que hay en medio, como si entre Covent Garden y Oxford Circus hubiera un espacio en blanco; el hueco que te queda en el estómago cuando empiezas a comer y te das cuenta de que prefieres pasar hambre que comerte lo que queda en el plato. El hueco que te queda en el alma cuando quieres abrazar a tus seres queridos, o sólo estar con ellos, y te das cuenta de que no puedes seguir pensando eso, o se te cuela el pie entre coche y andén. Mind the gap, nena.

Sin embargo, poco a poco, cuando he aprendido donde poner el piececito, esta ciudad es lo más increíble que me ha pasado jamás. Y yo que creía que en Madrid nadie era de Madrid ¡aquí nadie es de Londres! El otro día vi a unos turistas hacerle fotos a un inglés. Y a mí me encanta. Esa superioridad que se tiene en otras ciudades... te recibo, porque yo soy de aquí y tú no. O no te recibo, pero que sepas que yo soy de aquí Y TÚ NO. Y si puedo, te hablo en algún idioma que yo sepa y tú no. Aunque tengamos uno en común. El que tenga oídos, oiga.

Aquí no. Lo más flipante de aquí no son los monumentos, que lo son, ni los museos, que lo son. Lo más flipante aquí es la gente. Una maraña humana multicolor, con todos los vestidos imaginables, con gorros, con pelos, sin pelos, con pelucas, con guantes, con chilaba y unas nike, con la cara pintada de blanco y los labios de rojo. Vestido de tigre, como vio el otro día Toni a uno. Pero no es lo anecdótico, lo que queda, sino el trasfondo. El deseo que tiene esa ciudad de quererse. De quererte. De adoptarte. Qué más da. Si aquí hay sitio para todos. Probablemente sea la generosidad del que tiene. Pero los hay que tienen y no comparten. Véase Estados Unidos, cuya política de inmigración demuestra que si tienen, es para ellos. No digo que aquí dejen entrar a cualquiera, no quiero transmitir una visión utópica de esta, mi nueva ciudad. Sólo digo que aquí no te meten el codo. Ni en el metro. Y que si te lo meten, te dicen sorry. No pido más.

Así que con estas pequeñas reflexiones queda inaugurado mi nuevo blog. Un blog práctico y casero que pretende ser una especie de diario, porque no puedo escribir a todos los que quisiera. Historietas de una española en Londres, que ahora, con todos los que somos, no es cosa exótica.

Mind the gap, babies.



Nina Simone – Feeling Good