Para los más allegados no es una sorpresa que volvemos a casa. Se ha muerto mi tía Sole de repente, y nos ha dejado patas arriba, y mi padre me necesita a su lado. Hace tres meses le dio un infarto, y no puedo dejarle solo ahora. Este ha sido el detonante que ha hecho que, como pareja, hayamos valorado cúanto estamos dispuestos a pagar por la experiencia.
Económicamente Londres no es un chollo. La ciudad es carísima, y te pide tanto como te da. Es cierto, hay trabajo, pero para el que llega el último está libre el puesto de último mono, con lo cual tienes que trabajar mucho muchísimo de verdad, para tener un nivel de vida que aquí teníamos trabajando poco. Incluso en algunas cosas, mucho más fácil aquí. No resultaba fácil vivir con sorpresas como bragas en el toallero teniendo una casa vacía y acogedora esperándonos.
Yo hubiera estado allí más tiempo, para mí estaba empezando la cuesta abajo, estaba cogiendo velocidad y sinceramente, me encanta Londres y aprender inglés. Me parece una ciudad de la que nunca te puedes aburrir. Te puedes cansar, te puede arruinar, te puede volver loco, pero no te aburre. Es realmente fascinante, y puede que haya pasado los seis meses más emocionantes e interesantes de mi vida. Y eso me lo llevo puesto. En la retina, en la mente, y en la lengua.
Pero nosotros, al irnos, le dijimos a nuestros padres: "estamos aquí al lado, y si nos necesitáis, aquí estaremos." Y nos dijimos entre nosotros: "si no estamos mejor allí que aquí, o alguno de los dos quiere volver, nos volvemos." Y un trato es un trato. Nos necesitan aquí. Y además uno de los dos pidió casa.
No me arrepiento nada de haber tenido esta experiencia vital que me ha cambiado para siempre. Y creo que para bien. Los ingleses tienen defectos, pero hay cosas que las hacen maravillosamente bien. Y los que no son ingleses, que son la abrumadora mayoría, forman un mosaico fascinante que nunca olvidaré.
Por Fede, la preciosa cantante de Cerdeña que enamoraba a todo bicho viviente que pasara por allí con sus enormes ojos. Se pinta con una raya larguísima, casi hasta la ceja, y eso solo se puede hacer siendo tan guapa como ella, y trayendo el aire mediterráneo cada vez que tarareaba una melodía.
Por Rana, el cocinero de Bangladesh que se enamoró perdidamente de la italiana y le hacía sandwiches a escondidas. Y que era tan amable y tan sonriente, que más que rana era un príncipe encantado. Bésale, Fede, verás que surprise.
Por la camarera del Railway, que ya sabía que queríamos "two lattes" y que se cambiaba el color del pelo todas las semanas. La última semana que le vimos era azul. Camisetas de festivales de rock, y tartas de zanahoria con crema. Curiosa mezcla.
Por el murcianico que se nos coló en casa, y cuando le dije que en Excel teníamos una exposición de barcos me dijo: "a mí un amigo me regaló un bote. Pero lo hundí." Pues ya sería un bote de cocacola, macho, no creo que sea como los que tenemos allí.
Por Arvydas, el niño lituano que me hizo pajaritas de colores, y un dinosaurio, y un nenúfar de origami. Pelo zanahoria, que guapo era. Y por sus hermanos, el deportista y el salao.
Por las negras, que son apisonadoras hasta cuando tienen ochenta años. Esa garra las ha hecho libres.
Por los vietnamitas, chiquititos y sonrientes.
Por los disidentes cubanos que escapan de Cuba cargados de sueños capitalistas y tabaco entre la ropa.
Por los parisinos hijos de indio y vietnamita, que se buscan la vida en Londres, y encuentran a la mujer de su vida.
Y cómo no, por los ingleses a los que preguntas por el río y te dicen: "¿El Támesis?" Si señor, el Manzanares ya se donde está.
Y por el Parliament, y por Southbank, y por Sant James,s Park, y por Victoria, y por el 73, y por el Soho, y por el London Eye, y por el British Museum, y por la tienda Nike, y por la chocolatería esa de Picadilly Street, y por Regent, y por Covent Garden, y por Chelsea, y por Hyde Park, y porque me doy cuenta de que es imposible nombrar todos los lugares que echaré de menos de esa gran ciudad.
Pero ahora toca aquí. El tren ya parte de la estación. Mind your head. Closing doors.
Se acabó London y se acabó Mind the Gap. Muchas gracias por haberme leído. Os quiero.
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