martes, 5 de noviembre de 2013

Food, glorious food.

Eso dice una bandeja de color rosa que hay en mi salón.  Y puedo evadir el tema todo lo que quiera, pero estoy en Londres. Algún día tendré que hablar de la comida.

No lo he hecho antes, porque todavía estoy en proceso de adaptación, como los bebés cuando los empiezas a dar la fruta, y ponen esas caras. Así que quiero que este post sirva solo de referencia de como me he tomado el tema de la comida aquí. Que supongo que con el tiempo variará.

Empecemos por como comía yo en España. Porque dicen: es que en España se come así, o asá. Pues depende de la casa donde estés. Hay quien come rúcula, y hay quien come cocido completo. Así que partimos de la base de que nosotros somos más de cocido que de rúcula. Hemos pasado horas enteras cocinando juntos, lo que por otra parte eran momentos de pareja inolvidables. Comida casera, muy elaborada, y muy sabrosa.  Mi cocina de Madrid creo que tiene los mismos metros que el dormitorio.

Ahora. Londres. Ay, Londres. Que buscas casa y la cocina parece un artículo de lujo. Los sibaritas tienen cocina, el resto de los mortales, microondas. Ni siquiera las casas grandes tienen cocina grande. Por ejemplo, la casa donde ahora vivo debe tener unos 100m2. La cocina está integrada en el salón y debe medir unos 4.  Así que el planteamiento en ningún caso es la cocina de mamá. Igual podría ser la cocina del taper de mamá. De hecho podría decir que la cocina más grande que he visto es la de la hija de un amigo, es de juguete y está en el salón ;-) tiene de todo, esa sí que está bien equipada.

Hay excepciones, claro, pero la idea de las casas no es cocinar juntos. Puede que sea por el otro tema peliagudo: lo que se puede echar dentro de la cazuela.

Mi lema en la cocina es: se empieza a cocinar bien cuando haces la compra. Y aquí está el problema.

Aquí hay una variedad asombrosa de comida. Pero absolutamente apabullante. Demasiado variada, diría yo.  Me voy al Lidl y me puedo estar hora y media sólo mirando qué es cada cosa. Y como se usa. Por eso digo que estoy en plena adaptación.

La comida inglesa es prácticamente inexistente o no comestible, con la honrosa excepción del Sunday Roast, y las salchichas de cerdo. El Sunday Roast (asado del domingo) es un plato muy completo, que sienta muy bien, pero que no tiene nada que ver con nada que comamos nosotros.

Todo sabe exquisitamente insípido. Zanahorias al horno. Sin pizquita de sal. Hazte una idea. Unas lonchitas de carne que yo me las comía para merendar, con una salsa espesa que esperas fuerte y contundente y es amable y poco sabrosa.

Vaya descripción ¿eh? te vas a pedir uno. Telesunday Roast. Pero el plato en general está muy bueno. Es extraño, pero me gusta. Nada grasiento, muy sano, muy colorido, con una especie de sombrerete que es un puding especial que hacen también al horno. Una especie de buñuelo gigante. Bueno, es muy curioso el plato, y a mí me gusta mucho.

Las salchichas frescas tienen la gracia de que las sazonan con todo tipo de ingredientes. En España las de carnicería, saben todas iguales. Y no especialmente bien, que queréis que os diga. Pero aquí hay salchichas de Worcestershire, que Lancashire, de nosecuantosshires y cada una sabe diferente. Pueden llevar dentro queso, cebollino, chili, cebolla caramelizada... Si las haces al horno sueltan la grasa y están bastante ricas. Aunque son la antítesis del Sunday Roast como plato ligero. De cena, no.

El Fish and chips es un invento para los guiris. Tenía que decirlo.

Y el resto.
El resto.

Las frutas y verduras van así: los melones parecen manzanas; las manzanas, ciruelas; las ciruelas, cerezas; las cerezas, güitos de cereza. Haber hay casi de todo, pero son bastante ridículas. Menos las que vienen de España, que las llaman "FUN SIZE". No, nene, fun size es la tuya, que me parto. La hija de Antonio Peces llevó el otro día una manzana normal al cole, y le apodaron "Andrea Giant Apple".

Pescado. Creo recordar que era una cosa habitualmente blanca y con espinas. Por aquí hay mar. Que alguien me lo explique. Misterio.

Y lo que sí que está muy rico y muy variado son las salsas. Miles de millones de trillones de salsas, hacen falta tres vidas para probarlas todas. Indias, chinas, mexicanas, italianas, polacas, árabes... incluso inglesas ;-)) Le da alegría al resto.

Y no puedo terminar este post sin hablar de los precocinados. Son mucho más baratos, más ricos que en España, más naturales. Son como un taper de una mamá imaginaria que cocina para toda inglaterra. Claro que es una mamá británica. "Y cómete todas las zanahorias insípidas y todo el yorkshire pudding".

Una vez oí a una inglesa decir en España que la comida es muy rica, pero siempre está salada. Y es que aquí cocinan sin sal.

Así que, concluyendo, mi primer acercamiento a la gastronomía inglesa es confuso. Si me acostumbro a comer aquí, puede que cuando vuelva a España no me guste la comida. Pero una cosa tengo clara, me niego a intentar cocinar aquí como si estuviera en España. Es complicado, caro, y creo que no tiene sentido. Allá donde vieres come lo que te pusieren. Una cosa es prepararte unas lentejas un día con un compango asturiano que has encontrado de rebote, y otra cosa es irme a Notting Hill a la tienda española a gastarme la vida, y cruzarme toda la ciudad por comer tomate frito Orlando. O llenar un cajón de la nevera de huesos de cocido.

Vida nueva, plato nuevo. Y en eso estamos. Es hora de comer. Voy a por un Sunday Roast que tengo en el congelador. Aunque hoy sea martes.




















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