viernes, 29 de noviembre de 2013

Solitude, loneliness...

Una de las cosas que más me gustan de aprender idiomas es encontrar cosas en las que pensar. Food for thought, que dicen aquí. Alimento para el pensamiento, o más literariamente, pistas para pensar. 

Y una que siempre me ha gustado, se la leí a Gala en un libro de reflexiones, es la diferencia entre solitude y loneliness. Loneliness es estar solo porque no hay nadie más. Se baja todo el mundo del tren una parada antes que tú. Estás en loneliness. Estás físicamente solo. No hay nadie más. De solipeich. 

Otro caso. Tienes siete hermanos. Toda tu familia se va al cine, y tú prefieres quedarte en casa. Y cuando esa puerta se cierra, cuando se dejan de oír las voces de todos los voceras, los perros y tus padres, sientes solitude. La has elegido. Quieres estar solo. Y ahora puedes hacer lo que quieras con tu solitude. 

El matiz estriba en el sentimiento. Por eso he puesto estos ejemplos tan extremos. Estar solo no tiene por qué ser triste. Y los ingleses, que son tan prácticos en su idioma, distinguen esto. Quizá porque ellos llegaron antes que nosotros a esta conclusión. 

Los españoles somos sociales. Nos encanta ser muchos, y cuanto más bullicio, mejor lo pasamos. Quedas con tus amigos, y si somos 39 y un perrillo chiquitín, es una triunfada. Si sólo vamos 4 y sin perro, es triste. Quizá por eso nosotros entendemos la soledad como un fracaso. Y decimos: la soledad es muy dura. 


Pero aquí, una ciudad enorme en la que encuentras gente a cada paso (a veces no puedes dar ni uno seguido) es curioso ver como mucha gente elige la solitude. Los cafés están llenos de personas en solitude, con sus ordenadores abiertos, o sus libros. Es verdad que al final los ordenadores muchas veces llevan a un fin social, pero no parece ser el caso de la mayoría aquí. Escribir. O pintar, como hacía uno el otro día. O simplemente tomar un café observando la maraña humana. Los parques llenos de gente en bici. Solos. Andando por las largas avenidas. Solos. Mirando todos y cada uno de los artículos de una tienda. Solos. Yo la primera. Más sola que la luna. 

En Madrid a veces quería ir a un sitio concreto y nadie quería venir. Entonces cogía mi petate y me iba. Sola. Y mi cuñada me decía: "que rara eres." Y lo soy. Pero aquí me he dado cuenta de que sin esa capacidad de disfrutar de mi soledad, me perdería muchas cosas. Y que no estoy sola en esto de estar sola. 

A veces Toni se tiene que ir a trabajar y yo me quedo. No es elegido. No es consentido. Es obligado. Pero entonces decido no sentirme así. Porque no estoy solita. Estoy en solitude. 


























2 comentarios:

  1. Lía, he empezado a responderte a este post unas 20 veces, pero no lo consigo decir. Sólo quiero que te sientas arropada por mi, siempre que quieras estar acompañada. Gracias por luchar conmigo en esta aventura, no tengo horas para agradecértelo del todo.... te quiero.

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    1. Siempre me siento arropada... sin ti nada de esto tendría sentido. Gracias por no dejar que sienta loneliness. Te quiero

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