lunes, 11 de noviembre de 2013

Síndromes de Stendhal

Stendhal, el autor de Rojo y Negro, novela que de paso os recomiendo, cuenta que se sintió así en Florencia: 

"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme."

Este pobre se creía que todo el mundo lo podía sentir, como si no fueran miles los que al salir de la Santa Croce, huelen a pizza, y piensan "menos mal, tanta iglesia me tiene muerto de hambre". Pero algunos sabemos de lo que habla. A mí me pasó viendo ganar al Atleti en el Bernabéu ;-)) 

Evidentemente es broma, aunque determinado fútbol es un arte, pero lo que quiero contar en este post es que el otro día yo sentí eso. Sentí que "la vida estaba agotada en mí", algo mucho más grande que yo estaba delante, algo tan apabullante que me hacía sentir debilidad en las piernas, y me resultaba difícil respirar. 

El sitio en cuestión fue London Bridge. Bajas de una estación de tren horrible, ves arriba el Shard, que es un edificio altísimo al que subiré en cuanto no sepa en qué más gastarme 30 pavos, y andas por unas callecitas. Unas callecitas como tantas. Bueno, diferentes, que en medio de la calle hay una especie de canal con agua, en el que ya he visto meter la patita. Y cuando te vas riendo del guiri en cuestión, o pensando en tus cosas, ahí aparece. 

Todas estas fotos (por las que pido perdón por anticipado) las tomé desde un punto fijo, sin moverme un paso, simplemente girándome. 

Observad sin mucha crítica, ¡acababa de recuperarme de un Stendhal!














En estas fotos hay un ayuntamiento futurista, un submarino original de la época de la segunda guerra mundial (HMS Belfast, tercera foto empezando por abajo), una persona cruzando por entre los chorros de la fuente, y la torre de Londres. 

Cuando terminé de hacer las fotos, pensando en escribir este blog, me di cuenta de que lo que yo sentía no estaba en las fotos. Estaba en el aire. No era la primera vez que yo estaba allí. Pero era la primera vez que me pasaba allí. El fresco de la recién estrenada noche, la tranquilidad que se respiraba, el contraste con la calidez que se veía en la gente que comía o tomaba un café dentro de los restaurantes, los turistas a los que no les importaba mojarse, siempre me emociona ver gente que lo ve por primera vez. Y se nota. No pueden parar de hacer fotos, como si quisieran guardar en el bolsillo ese momento. Y no se puede. Quizá un poco en tu retina, quizá mucho en tu corazón. Respiras y sabes que tienes que volver a tu vida, pero ahora estás ahí, estás viendo mil años de historia, la grandeza que tiene el ser humano cuando quiere hacer bien las cosas, el pasado, el presente y el futuro conviviendo en armonía. Y el amor. Mucha gente se besa, se deja llevar por el momento, porque igual piensa que ese cosquilleo que siente es sexual. Y no. Es Stendhal. 

Se presta esta jodida ciudad a emocionarte. Se deja besar.

Y bueno, ahí lo dejo, y para rebajar el tono os cuento una anécdota. Yo le narré esto a Toni, más o menos, y entonces él me acompañó al trabajo, y cogimos el 73, que pasa por Hyde Park y va hasta Oxford Circus. Y subidos en los asientos panorámicos, los de delante, vimos una sucesión de elementos que denotaban la pasta que corre por las venas de esta ciudad. Aquí no se racanea. Y mi marido, que no es tan artista como yo, me dice de repente, alborotado: "madre mía, cariño, estoy teniendo un Stendhal económico." 

Cada uno que se lo aplique como quiera. Pero la próxima vez que veáis algo hermoso, muy hermoso, y os sintáis raros porque estáis hablando de arte (o de fútbol, o de paisajes), si no tenéis nadie a quien besar, dejaos llevar por ello. Disfrutad esa sensación de cosquilleo, de falta de aliento, de que se os escapa un poco la vida. Porque es simplemente para dejar hueco a una vida mejor. 
















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